Antes del correo electrónico, la carta y el memo eran las formas predilectas de comunicación empresarial. Los memos, en particular, se popularizaron en las décadas de 1950 y 1960 como una herramienta interna para transmitir información de manera rápida y formal. Su formato estandarizado incluía un encabezado con el remitente, el destinatario y la fecha, seguido de un mensaje conciso.
Uno de los memos más famosos de la historia fue escrito en 1971 por Bob Thomas, un ingeniero de Xerox, quien sugirió la creación de un sistema de correo electrónico. Este memo, aunque inicialmente ignorado, sentó las bases para lo que hoy conocemos como email. Sin embargo, en esa época, los memos se escribían a mano o en máquinas de escribir y su distribución física era lenta y engorrosa.
Con la llegada de la digitalización, los memos y cartas han sido reemplazados por mensajes instantáneos y documentos digitales. Herramientas como Docuflow y el Gestor Documental de RUBRIKA permiten crear, firmar y archivar documentos en segundos, eliminando la necesidad de papel y acelerando los flujos de trabajo.
La transformación digital no solo ha mejorado la eficiencia, sino también la accesibilidad. Hoy, cualquier documento puede ser consultado desde cualquier lugar, en cualquier momento. Así, la carta y el memo se convierten en reliquias de una era en la que la comunicación era lenta y limitada.